Esta página web fue creada por Su demanda y es dedicada a Su Enseñanza.

Main pageLinksContact

Sathya Sai Baba

 

Lean en esta página web:


Véase también:


Otros idiomas:

La Enseñanza de Sathya Sai

Él no dice que Su Enseñanza es nueva. Su Enseñanza no es más que una expresión —para las condiciones actuales en la Tierra— de la Única Enseñanza Divina, la que Dios constantemente repite a través de Sus Mensajeros. En sánscrito se la llama Sanatana Dharma, la Ley Eterna. «Sanatana Dharma es la madre de todas las religiones, de todos los códigos éticos y de todas las leyes del universo», dice Sathya Sai [6].

En la actualidad, Él —Sathya Sai— es el Avatar. Él indica que, a pesar de que todos los poderes del universo están concentrados en Su palma, Él no va a hacer a todos felices sin discernimiento. Pues, cada hombre tiene su destino personal (karma), el cual creó con sus pensamientos pasados, buenos o malos, y con sus hechos. Con nuestros hechos presentes nosotros también formamos nuestros destinos futuros.

Para escapar del abismo de sufrimientos terrenales, es necesario vivir con amor a Dios y a todos los seres vivientes, incluso con amor-servicio creativo para otras personas. El servicio a las personas, que consiste en ayudarlas en su evolución positiva, es el servicio a Dios.

Los enemigos principales del hombre, los que llevan a la acumulación del karma negativo, son: su mente mal dirigida y la esfera emocional ingobernable con predominación de las emociones egoístas y groseras.

Estos obstáculos pueden ser superados con el fortalecimiento de la fe, reorientando la mente hacia la Divinidad y también con la ayuda de las prácticas espirituales que, en primer lugar, normalizan la esfera emocional y permiten aprender a controlar y dirigir la mente y la conciencia.

Pero la mente, como tal, no es en absoluto una enemiga del hombre. Al contrario, es un germen (brote) de sabiduría (jñana), y hay que desarrollarla con todos los medios posibles como una función de la conciencia, encargada de analizar y crear.

Para limpiar el camino de uno de los impedimentos kármicos, es importante arrepentirse de todos los crímenes pequeños o grandes cometidos contra cualquier ser viviente. «¡Con el arrepentimiento sincero todos los pecados pueden ser lavados! ¡La misericordia de Dios es sensible! ¡Si Él tiene el deseo de perdonar, nada puede prevenirlo! ¡A pesar de los pecados del pasado, si hay arrepentimiento profundo y amor a Dios, todos los pecados se lavan, y la naturaleza del hombre se purifica! ¡Tener miedo que esto no pase es debilidad! ¡Dios tiene la compasión ilimitada; busquen Su amor y encontrarán el perdón!» [2].

«¡La práctica espiritual más importante es la búsqueda de las propias imperfecciones y debilidades, y los esfuerzos para librarse de éstas, acercándose a la Perfección!» [5].

Para fortalecer la orientación de la mente hacia Dios, Sathya Sai recomienda usar la técnica de repetición frecuente del nombre de Dios y participar en el culto divino con la alabanza a Dios.

Obtener la fe es el primer paso. El siguiente paso en esta dirección es el amor a Dios. Pero ¿cómo puedes amar al Que no conoces todavía? Por eso, los Maestros Divinos vienen a la Tierra para ayudar a las personas; Lo No Manifestado se revela a Sí Mismo en la forma manifestada para las personas. Amar al manifestado, al individualizado aspecto de Dios, es más conveniente para las personas encarnadas.

Pero la gente también debe entender que Sathya Sai no está sólo en Su cuerpo, sino que está por todas partes, donde sea necesario, y que no hace falta ir a Su ashram para conversar con Él, es posible hacerlo desde la propia casa.*

Todas las personas tienen un sólo Dios, enseña Sathya Sai. Y no hay que dividirlas por las variaciones de las creencias. ¡Usando sus variantes tradicionales de la adoración, que todos veneren al Único Dios Universal!

Lo que realmente divide a las personas no son las variaciones de las creencias o nacionalidades, sino los niveles de cultura espiritual. Por ejemplo, dice Sathya Sai, dirigiéndose a los estudiantes de la universidad masculina: «Si uno de ustedes, en vista de que todas las personas son iguales, se casa con una muchacha musulmana que tiene costumbre de comer carne según sus tradiciones familiares. ¿Qué pasaría? ¿Surgirían conflictos y discordia?»

Pero Sathya Sai no quiere que las personas estén enemistadas entre sí por las diferencias en la nutrición: permitan a las personas mundanas comer la carne. ¡Pero si usted sigue el Camino espiritual, el aspecto ético de la nutrición debe ser observado estrictamente! [2].

Es imposible llegar a Dios sin amor perfecto, porque Él Mismo es el Amor y deja entrar en Él sólo a los similares a Él. Y el cardinal y primer principio del Amor es la Compasión hacia todos los seres vivientes —desde las plantas y animales— hasta los Mensajeros Divinos*.

Respecto a la alimentación con el pescado, Sathya Sai anota que estos animales también se mueren sufriendo.

Un día Sathya Sai envió un grupo de Sus discípulos a un retiro monacal en las montañas. El propósito de éste fue el entrenamiento meditativo. Y para que los discípulos no se distraigan de este entrenamiento, buscando la comida, Él les había dado un jarro en el que, todos los días, ellos encontraban suficiente comida materializada por Él. ¿Qué había en su «menú»? Había arroz, verduras, habas, frutas y jugos, y antes de acostarse todos recibieron un vaso de leche. [1]

La nutrición vegetariana, así como levantarse y acostarse temprano, favorece a la purificación de la mente y la conciencia. Lo segundo, lo que un neófito en la religión debe hacer, es negar concentrar la mente en las cualidades negativas de otras personas. Cada uno es (potencialmente) Dios. ¡Vean a Dios en cada uno, amen a cada uno como la manifestación de Dios para ustedes! ¡Yo les enseño, usando las cualidades negativas y positivas de otras personas!

Las personas son diferentes por las cualidades de sus «egos», «yo» individuales.

Incluso, hay almas profundamente degradadas, apasionadas por hacer el mal. Tales personas pueden hacer el mal incluso sin ningún pago. Ésta es su naturaleza, como la de una polilla que roe y estropea las cosas no importa cuales sean: un trapo o un sari costoso. [7]

Pero incluso para tales personas Dios encuentra el uso apropiado en la corriente general de la Evolución de la conciencia. Viendo sus ejemplos, otras personas pueden aprender a no ser como éstas. Pues, hay que conocer el bien y el mal. Y así, apartándose del mal, pueden ir por el camino del bien, hacia la Perfección, hacia la Unión con Dios. Uno debe saber como uno no debe ser y también como debe ser. Sin conocer el mal, es difícil conocer el bien.

Las personas malas también son usadas por Dios para la corrección del desarrollo de los verdaderos sadhakas (los guerreros espirituales). En particular, de esta manera, los sadhakas reciben los avisos sobre la posibilidad de la muerte, y ésto no les permite relajarse demasiado en el Camino.

La muerte y Dios son los hitos más importantes para todas las personas encarnadas, dice Sathya Sai.

Las personas malas se preparan ellas mismas para el infierno y para sufrir en las encarnaciones próximas. Pero también tienen la oportunidad para la salvación: reconsiderar su conducta y arrepentirse. El arrepentimiento es la contrición consciente que lleva a la liberación de los vicios.

Acerca de la auto-corrección ética, Sathya Sai dice lo siguiente [7]:

Aquellos que buscan la beatitud en el Atmán no deben perseguir los placeres de los objetos del sentido.

Así como un cuerpo sin respiración es inútil y empieza a pudrirse y heder, de manera semejante, la vida sin Verdad es inútil y se vuelve la morada hedionda de las aflicciones y discordias.

¡Convéncete que no hay nada mayor que la Verdad, nada más precioso, más deseado y más duradero!

El Señor, Quien es la Verdad Misma, concede Su darshan (la posibilidad de contemplarle) a aquellos que tienen los corazones amorosos y las palabras verídicas.

¡Mantén la bondad inagotable hacia todos los seres y también la preparación para el auto-sacrificio!

Hay que controlar los indriyas*, tener un carácter firme y no tener ataduras.

Cuídate de los siguientes pecados: 1) la mentira, 2) la maledicencia, 3) la calumnia, 4) la vanilocuencia,

5) el asesinato, 6) el adulterio, 7) el robo, 8) la borrachera, 9) el comer carne, 10) la concupiscencia (kama), 11) la maldad, 12) la avidez, 13) la atadura «terrenal», 14) la intolerancia, 15) el odio, 16) el egoísmo, 17) el orgullo.

Primero que nada, líbrense de la emoción mala de sentirse envidioso del éxito de los demás y de desear un mal al prójimo. ¡Estén contentos cuando los demás lo estén! Compadézcanse de los que estén en aflicción y deséenles éxito. Ése es el medio para formar en uno mismo el amor a Dios.

¡La paciencia es la fuerza que uno necesita!

¡Los que aspiran a vivir con gozo siempre deben hacer el bien!

Nunca hay que contestar con palabras injuriosas, mantente lejos de éstas; eso es para tu bien. ¡Rompe todas las relaciones con las personas que usan tales palabras!

Busca la compañía de las personas buenas, incluso arriesgando tu posición y vida. Pero ruega a Dios que te bendiga con la habilidad de distinguir entre las personas buenas y malas. Para esto, debes aplicar todos los esfuerzos de tu mente.

Aquellos que adquieren posiciones en la sociedad y ganan fama terrenal, la gente los enaltece como héroes; pero ¡sólo aquellos que conquistaron sus indriyas son héroes verdaderos, héroes que deben ser enaltecidos como los conquistadores del universo!

Cualquier acto, bueno o malo, que el hombre realiza, está acompañado por los frutos que nunca dejarán de perseguirle.

La avidez produce sólo la aflicción; lo mejor es estar contento con lo que hay. ¡No hay felicidad mayor que el contentarse con poco!

¡La aspiración a los provechos debe ser arrancada de raíz! ¡Si uno le permite existir, ésta estrangulará la misma vida!

¡Soporta valientemente privaciones y aflicción! ¡Aspira a lograr el gozo y la abundancia en el futuro!

¡Desde este momento, evita los malos hábitos! ¡No tardes, no pospongas lo que tienes que hacer; eso no te traerá ningún beneficio!

Intenta, dentro de los medios posibles, satisfacer las necesidades de los pobres que de verdad son pobres. Comparte con ellos cualquier comida que tengas y hazles felices por lo menos en ese momento.

¡Aunque estés muy dolido porque otros te tratan inmerecidamente, nunca hagas lo mismo a los demás!

¡Arrepiéntete sinceramente de tus faltas y pecados, cometidos por la ignorancia, intenta no repetirlos nuevamente! ¡Ruega a Dios que te bendiga con la fuerza y el valor para seguir el camino correcto!

¡No permitas que el que puede enfriar tu ardor por Dios se acerque a ti! La falta de ahínco causa el decaimiento de la fuerza del hombre.

¡No cedas a la cobardía! ¡No te niegues a la beatitud!

¡No te infles de arrogancia cuando las personas te alaben! ¡No te desalientes cuando las personas te reprueben!

¡Si entre tus amigos uno odia al otro y empieza una riña, no eches aceite al fuego para hacerlos odiar uno al otro aún más! Al contrario, intenta con amor y simpatía restaurar su amistad anterior.

¡En lugar de buscar los defectos en otros, busca tus propias faltas! ¡Desarráigalas, líbrate de éstas! ¡Es mejor encontrar una falta tuya que encontrar doscientas ajenas!

Si no puedes o no quieres hacer el bien, entonces por lo menos no trames y no realices actos malos.

¡Cualquier cosa que las personas digan sobre tus faltas, las cuales, estás seguro que no tienes, no te preocupes por eso! Mientras que las que tienes, intenta corregirlas antes de que otros te las indiquen.

No guardes rencor y amargura a los que te indican tus faltas; no respondas con lo mismo, indicando a los demás sus faltas, más bien muéstrales tu gratitud.

¡El intento de «abrir los ojos» a los demás en sus faltas es un gran error!

Es bueno cuando sabes tus faltas; es malo cuando buscas las faltas de los demás.

Si tienes un poco tiempo libre, no lo gastes hablando de cualquier cosa, más bien utilízalo reflexionando sobre Dios o para ayudar a los demás.

Sólo el bhakta (el que ama a Dios) entiende al Señor; y sólo el Señor entiende al bhakta. Los demás no pueden entenderlos. Por eso, no discutas materias que se relacionan con el Señor con aquellos que no son bhaktas.

Si alguien, que conversa contigo acerca de un u otro tema, comprende mal, no examines detenidamente las opiniones malas, más bien capta sólo lo provechoso y agradable de lo que se diga.

¡Si tus deseos mundanos no se han cumplido, no murmures contra el amor de Dios, pues no hay ninguna relación entre tales deseos y el amor de Dios!

¡Si tu meditación no progresa debidamente, no te desanimes!

¡Cuando tales estados lleguen, busca tus defectos!

¡Si cada día te comportas automáticamente según estas reglas, podrás comprender muy fácilmente a Dios! ¡Por consiguiente, sigue firmemente a estas máximas!

Por otra parte, Sathya Sai anota que toda la enseñanza ética puede expresarse en una fórmula corta de Vyasa: «¡Siempre ayuda a todos*, nunca ofendas a nadie!» (Es importante entender que «todos» incluye a Dios, a Dios en primer lugar).

La última tarea de cada hombre es el conocer su «Yo» Superior que es el Atmán, Paramatman, Creador. No obstante, para esto, el «ego» inferior, que se manifiesta como egocentrismo y es creado por la mente, debe ser eliminado.

La mente —en este contexto— es una parte de la conciencia capturada por los deseos «terrenales».

Los deseos no son los pensamientos. Los pensamientos llegan a ser los deseos cuando «se sumergen» profundamente en los objetos.

Los deseos dirigidos a los objetos mundanos causan placer y sufrimiento. ¡Pero si un deseo se dirige a Dios, éste causa beatitud! [2]

La habilidad de pensar correctamente debe ser desarrollada a través de los asuntos terrenales. Pero después ésta puede ser transformada en una función del buddhi. Para esto, los «tentáculos» de la conciencia (los indriyas) deben ser trasladados desde los objetos del mundo material, incluso desde los mejores, a la Conciencia Divina. El pensamiento de tal hombre, en todos los asuntos, sube a un nivel fundamentalmente diferente, pues él aprende gradualmente a ver los problemas terrenales como Dios los ve. El egocentrismo de tal hombre se sustituye progresivamente con el Dioscentrismo.

¿Cómo librarse del trabajo vicioso de la mente que impide el avance extenso? Muy simple: ¡no intenten «ahogarlo», simplemente piensen en Dios! La naturaleza de la mente es tal que es necesario para ella ser absorbida en algo, ¡así que permítanla ser absorbida por Dios! Y cuando esté absorbida por Dios, se detendrá. [2]

Si eso no ha logrado todavía detenerla, ocúpenla con la repetición del nombre de Dios o con otra actividad útil.

La mente descontrolada se parece a una serpiente. Ella tiene dos tendencias: no moverse recto y capturar todas las cosas que ve. Pero ella debe ser obligada a moverse directamente a Dios, dirigiéndose hacia Él.

Cuando el pensamiento del hombre, que se desarrolla progresivamente, no está ejecutado más por la mente, sino por el buddhi, el buddhi se sumerge en Dios para transformarse en Él.

Por eso, es tan importante acostumbrarse uno mismo a volverse con la cara (de la conciencia) hacia Dios. [2]

Hay dos cosas principales que hay que recordar siempre: la muerte futura y Dios. Y hay dos cosas principales que hay que olvidar: el mal causado por otros y el bien hecho por usted a los demás. «Claro, hay que acordarse de la muerte constantemente, porque entonces se harán muchas cosas buenas y se evitarán muchas cosas malas» [2].

«El tiempo es el regalo más precioso en este mundo. ¡No lo malgastes para palabras toscas y hechos malos! … ¡No hay que malgastar el tiempo! Éste no esperará a nadie. … El momento gastado inútilmente, es perdido por siempre, no hay como recuperarlo… Nadie sabe cuándo su tiempo expira. La mano del tiempo en cualquier momento puede derrumbarlos…

¡En sus actos hay que subir al nivel de las personas heroicas, y no al de las personas abúlicas!

Recordar la muerte debe llevar a la “firmeza unidireccional”» [6].

«Frente al rostro de la muerte desaparecen la posición, el orgullo y el carácter imperioso. ¡Comprendiendo esto, esfuércense día y noche —con pureza de cuerpo, mente y conciencia— por realizar el “Yo” Superior a través de servir a todos los seres vivientes!

Hay que mantener y cuidar el cuerpo como el instrumento para este propósito.

Pero acuérdense que ustedes no son cuerpos, y estos cuerpos no son ustedes» [6].

«Este cuerpo es nada más que un instrumento, una herramienta dada por el Señor. Y que éste sirva como es debido» [6].

«Hay que cuidar el cuerpo: éste es el medio para desarrollarse, para su Realización de Dios. Hay que lavarlo, alimentarlo y sanarlo, si se enferma; no hay ninguna contraindicación para usar los medicamentos “externos” y otros tratamientos medicinales» [2,6].

¡Pero la comida no es un medio para conseguir placer! La comida es como un abastecimiento de un automóvil. Ésta es un elemento esencial en el servicio a Dios. [6]

El acordarse de la muerte, que está próxima, debe acelerarle a uno, pero de ningún modo inducirle al desaliento y desesperación.

Al contrario, el proceso de ayudar a los demás, la discusión creativa con los amigos espirituales y el progreso en el Camino de auto-perfección deben traer gozo y felicidad.

«La felicidad es esencial para la Realización de Dios. … Si uno está infeliz, eso no es sólo una falla. ¡Eso es una de las más serias fallas! ¡Eso es un obstáculo para la auto-realización!

En la mayoría de los casos las personas están infelices debido a las aspiraciones, ataduras y placeres mundanos. Ellas prestan demasiado interés a lo mundano.

Para librarle a uno de esta falla, hay que indicarle la seriedad de ésta. ¡Uno debe comprender que los deseos son interminables como las olas en el mar!» [2].

La razón de muchos sufrimientos de las personas consiste en que sólo a través de éstos Dios puede convencerlas de la necesidad de dirigirse hacia adentro, a la profundidad de la estructura multidimensional de sus organismos y dedicarse al auto-análisis. ¡Sin ésto, tales personas nunca se librarán de los sufrimientos! ¡Dios está adentro, en la profundidad! ¡Y Él sana desde allí!* [2]

«Ustedes sufren, sienten dolor y tormentos sólo cuando están lejos de la Verdad.

Estando fuera del mercado, uno oye sólo la algarabía. Pero cuando se acerca y entra allí, reconoce distintamente las palabras de los negociantes.

Aquí es lo mismo. Mientras ustedes no conocen la realidad del Supremo, están aturdidos y oprimidos por el alboroto del mundo. Pero en el momento que entran profundamente en el reino de la búsqueda espiritual, todo se pone claro y el conocimiento de la realidad despierta dentro de ustedes. Hasta entonces estarán en medio del ruido absurdo de la argumentación, disputas y auto-propaganda grandilocuente.

Todo el que aspira alcanzar la Eternidad a través del bhakti (el amor devoto a Dios) debe esforzarse por adquirir las siguientes características: mantenerse lejos del ajetreo, la crueldad y falsedad de este mundo y estar en la verdad, la veracidad, el amor y la tranquilidad. ¡Éste es verdaderamente el Camino del bhakti!

Los que deseen la Unión con Dios, que busquen el bienestar para el mundo, deben considerar sin valor y arrojar nociones tales como: la loa y la reprobación, la apreciación positiva y negativa (de las personas), la prosperidad y la adversidad... Nadie, incluso Dios y el Avatar, pueden escapar de la crítica y las acusaciones. Pero Ellos no las temen» [6].

«Uno debe, en oración, pedir más y más oportunidades nuevas para servir y regocijarse cuando las recibe. Tal actitud trae gozo inmenso. ¡Llevar la vida, llena de este gozo, es de hecho la beatitud! … Si siempre te acuerdas de esto y procedes en consecuencia, la vida se transforma en un servicio incesante al Señor. Las concepciones de “Tú” y “yo” desaparecen pronto, y ni siquiera se vislumbra indicio alguno del ego» [6].

«Muchos discípulos y ermitaños, muchos sadhakas y sannyasins perdieron todos sus logros, ganados por muchos años de lucha y sacrificio, debido a la atadura a sus egos» [6].

«Cualquiera que sea la belleza ficticia de la palabra, cualquiera que sea el grado científico, todo esto es inútil. Para plasmar la Enseñanza… en la vida real, hay que extirpar el sentimiento de “yo sé”, y ver la Esencia Misma y mirar dentro de Ella. Sólo en ese caso lograrás la beatitud efectivamente…

Sin embargo, si la realización del “yo” produce orgullo…, la caída es inevitable…» [6].

El servicio a los demás, según los principios del karma yoga, no sólo desarrolla al hombre en todos los criterios y mejora su karma, sino también, con la actitud correcta hacia este servicio, es decir, experimentándose a sí mismo como el ayudante de Dios, lleva a la unión gradual del «yo» de uno con el «Yo» Divino.

«En la casa cada miembro de la familia cumple su trabajo. En la tarde, cuando el trabajo está acabado, nadie dice: “Padre, yo he hecho este y este trabajo, y tú tienes que pagarme”. Ésta es una familia, por consiguiente, uno no pide el pago por su trabajo, simplemente lo cumple.

Pero si alguien de otra parte viene a trabajar en su casa, entonces se ponen de acuerdo sobre el pago y paga conformemente. El hecho de que usted paga, le muestra que él no es de su casa.

Pero cuando alguien se vuelve “suyo”, no hay que pagarle. Él trabaja con interés, sin esperar alguna recompensa por su trabajo.

Lo mismo es con Dios. Cuando usted sabe que Dios es el Ser más cercano y más querido para usted, y que Él y usted son una familia, usted no pide pago. ¡Él que se consagra a sí mismo completamente a Dios es Mío! Y él no debe esperar ninguna recompensa.

Pero si alguien dice: ”Yo he dedicado al sadhana tanto tiempo”, y establece las relaciones de comercio con Dios, diciendo al mismo tiempo: “En mi sadhana, yo he hecho tanto y tanto, y debo recibir esta y esta recompensa”, entonces es completamente diferente.

Un niño muy pequeño no pide a su madre: yo quiero leche, yo quiero que me pongan nuevos pañales, etc., la madre misma mira que el niño tenga todo lo que necesita, sin sus demandas sobre esto. Cuando usted se consagró completamente a Dios y llegó a ser Su niño, no es necesario hablar sobre lo que quiere. ¡Él le dará aún más de lo que podía haber pedido!

A causa de su amor por Él, ¡que Él sea el más querido por usted!

¡Practiquen su sadhana, y se acercarán a Dios! Entonces, no será necesario decirle que quieren esto o aquello, porque se volverán para Él como Su niño pequeño. ¡Él vendrá y les dará aún más de lo que podían haber pedido!

Así como un ventilador es un instrumento, ustedes son los instrumentos de Dios. ¿Acaso es el ventilador el que se pone en movimiento? ¿O es la corriente eléctrica la que lo pone en movimiento?» [2].

«Entregarse a sí mismo a Dios significa consagrar a Él cada pensamiento y acto, sin desear (para sí) los frutos de éste. Realicen los actos no para conseguir sus frutos (para sí), sino porque es su deber. El acto se consagra a Dios, y el resultado también se siega por Él.

Los actos, realizados de esta manera, sin el deseo de sus frutos para sí mismo, son libres de las consecuencias negativas kármicas. Pues, el ego durante tales actos no se alimenta y no se estimula, y desaparece pronto» [2].

Sathya Sai, como ya hemos visto, está contra las relaciones sexuales caóticas, contra el dedicarse demasiado al sexo. Pero el matrimonio, la vida familiar, la educación de los niños Él aprueba. El matrimonio también contribuye a la «disolución» del «yo» inferior primitivo, porque la vida familiar favorece a su transformación en «nosotros».

El matrimonio y el karma yoga enseñan a cuidar al otro y a los otros. De esa manera, crece la habilidad de cuidar, atributo del Amor. De esa manera, el abarcamiento del amor se extiende cada vez a más personas. El «yo» primitivo se pierde en el «nosotros».

El progreso subsiguiente en esta dirección se asegura con las técnicas meditativas que eliminan del «Yo» Superior todas las estratificaciones que se quedaron.

Pero Sathya Sai advierte de no confiarse en los varios «gurús» sólo porque ellos se proclaman así. Él dice que el gurú real es el que conoce a Dios y puede llevar a Él a uno. Tales personas son muy pocas. O lo que es mucho mejor, Dios Mismo puede ser su gurú.

También Sathya Sai indica muy precisamente que el entrenamiento meditativo no es para todos, porque las personas difieren significativamente, en primer lugar, por las edades de almas. Para las almas jóvenes e inmaduras el entrenamiento meditativo puede ser destructivo. No todas las personas incluso pueden comprender qué es la meditación. Por ejemplo, las imágenes mentales, como el volar a otros planetas, es una práctica errónea y perjudicial. [2]

La Verdadera Esencia de cada hombre es el Océano de la Conciencia del Creador. Nuestra tarea es —a través de sadhana (el camino de la práctica espiritual)— desarrollarse a sí mismo hasta la realización concreta (y no sólo hasta la comprensión mental) de esta verdad.

En este Camino uno debe transformarse de un jiva (alma individual atada al cuerpo y los objetos materiales) —a través del buddhi yoga— en chit (es decir, en una conciencia limpia y refinada al nivel del Creador, idéntica al Atmán, el «Yo» Superior del hombre).

Un alma, que se desarrolla en este Camino, en cierto momento obtiene la habilidad de ver en los eones sutiles, al paso que ella los examina. Una conciencia humana que ha penetrado en los eones superiores aprende a ver a Dios, incluso como el Fuego-Luz Viviente y a actuar recíprocamente con Él.

Desde cierta etapa del buddhi yoga los practicantes pueden experimentar el mundo material como «sobrepuesto» en la Luz de la Conciencia Divina. Entonces es fácil «hundirse» en Ella, disolverse en Ella, llegar a ser Ella. [7]

Pero tal nivel del trabajo meditativo es accesible sólo para muy pocos discípulos exitosos de Dios. Para los principiantes, Sathya Sai recomienda la siguiente serie de entrenamientos meditativos que, con seguridad, no puede dañar a nadie [2 y otros]:

Para comenzar hay que encender una vela. Grabamos muy bien la imagen de su llama. Luego trasladamos esta imagen al anahata (se puede voltear la espalda hacia la vela), llenamos el volumen del chakra con la luz, visualizamos en el chakra una flor que consiste de la luz y que empieza a abrirse. Luego dirigimos esta luz hacia los brazos, la cabeza y las otras partes del organismo. Luego con esta luz llenamos los cuerpos de las personas más queridas, luego los cuerpos de todas las personas, los animales, las plantas…, el mundo entero se llena con la luz; el «yo» está hundiéndose en la luz y desaparece; el «yo» y la luz se funden; la imagen de la luz creada por mí se une con la Luz de la Conciencia de Dios…

El dominio de cada elemento de esta meditación puede tomar mucho tiempo. Pero es un camino recto hacia la cognición de Dios y la Unión con Él.

Si uno incluye en esta meditación la Imagen Ardiente de Sathya Sai o de cualquier otro Maestro Divino, tal trabajo avanzará mucho más eficazmente.

El bhakti yoga, es decir, la auto-realización a través del amor a Dios, es el yoga más alto, el Camino Más Alto, el Camino Recto.

La verdadera (en potencial) Esencia de cada hombre es Dios. Dios de hecho se encuentra en los confines del organismo multidimensional del hombre, en su misma profundidad, en los eones más sutiles. Es necesario sólo aprender a moverse allí con la concentración de la conciencia y después sujetarse allí. En esto consiste la Auto-realización plena, la Realización de Dios, la Liberación completa y última de la esclavitud del mundo de ilusiones.

La Realización de Dios se logra a través de amor, a través del enamoramiento de Dios Que permite a uno hundirse en Su Llama, unirse con el Querido, en el Abrazo de Su Amor.

Ésta es la única manera de obtener los logros espirituales más altos; no hay ninguna otra. Esto es lo que Dios enseñaba y enseña durante toda la historia de la humanidad. Ésta es la base de todos los sistemas religiosos serios. Pero las personas se olvidan de esto, y toca recordarles de nuevo.

Una de las desgracias de las personas es que éstas no escuchan a Dios, sino a varios pastores falsos, a gurús falsos y a líderes de las numerosas sectas. Algunos se proponen a ellos mismos como un objeto de culto en lugar de Dios. Otros, aunque hablan sobre Dios, pervierten Su Enseñanza hasta lo opuesto.

Como ejemplo, puede servir una muy conocida y poderosamente promocionada secta de «yoga», donde a sus seguidores les fue inculcado que cada uno de ellos es Dios, una Parte del Dios Universal coesencial con Él. Ellos «extendían las conciencias» y también se preguntaban a ellos mismos, como una práctica constante: «¿Quién soy?» Y la respuesta tenía que ser: «¡”Yo” Superior!, ¡Dios!».

Ni el líder, ni los miembros de esta secta conocieron a Dios, ni siquiera la dirección en la cual hay que buscarlo. Ellos no reconocieron ni el arrepentimiento, ni la necesidad del refinamiento de la conciencia, ni el amor a Dios. Pues, creían: «¡Yo soy Dios!».

¡Y si yo soy Dios, entonces todos mis deseos y actos son impecables, Divinos! ¡Éstos son la manifestación de la Voluntad Divina universal!

Esa enorme secta produjo un gran número de seguidores que se consideraron «dioses»; seres primitivos que vivían pasiones groseras irrefrenables que eran «legitimadas», «divinas» para ellos.

Sathya Sai, contestando una vez una pregunta en una conversación, llamó «con tacto» la actividad de esta secta «poco satisfactoria» y dijo acerca de su «gurú» que él logró el progreso espiritual sólo después de poner fin a su actividad. [2]

Las técnicas de «la expansión de la conciencia» y de su «cristalización» son —métodos muy peligrosos— en el sentido que si éstos se entregan a personas con conciencias no refinadas o con un intelecto poco desarrollado o con una ética perversa (con rasgos de violencia y egoísmo), entonces sucede su diabolización, en el sentido directo; ellos se vuelven diablos. Ellos se transforman en los diablos, condenándose a sí mismos a muchos sufrimientos; y también traen a la Tierra la voluntad del eon diabólico, manifestándola a través de sus cuerpos.

Por consiguiente, Sathya Sai recomienda insistentemente no confiar en tales «gurús» y aceptar el aprendizaje de Dios. ¡Que su gurú sea Dios! ¡Nadie debe ponerse a sí mismo entre una persona y Dios! ¡Confíen a Dios, y Él les ayudará!

¡El amor a Dios es el Camino Recto!