Las etapas del Camino
Espiritual
(Comentarios para el Esquema de Patañjali)
Las etapas de la ascensión hacia
las alturas espirituales, hacia la Unión con la
Conciencia Primordial las señaló ya en los
tiempos antiguos el rishi indio Patañjali.
Él destacó ocho escalones
principales de tal ascensión: yama – niyama –
asana – pranayama – pratyahara – dharana –
dhyana – samadhi.
Pero, debido al hecho de que los
dos primeras escalones son similares y en la
práctica se dominan simultáneamente, es racional
unirlos y hablar de la «octava» de siente
escalones.
Examinemos estos escalones.
Estos términos se traducen como
«esfuerzo y relajación» o «tensión y
tranquilidad». Esta etapa incluye la dominación
de las principales reglas éticas y
psicohigiénicas de la vida de un buscador
espiritual.
La primera regla se llama
ahimsa, que es el no causar daño. Se trata
de la aspiración, en lo posible, a no causar
cualquier tipo de daño a todos los seres
vivientes, con los actos, palabras, pensamientos
y emociones.
Esto incluye las reglas de la
nutrición éticamente correcta mencionadas
anteriormente y, lo que no es menos importante,
la exclusión de las emociones groseras,
conectadas con malos pensamientos y a menudo
acompañadas con las palabras y actos groseros.
Nuestros errores éticos, incluso
crimines, pueden ser el resultado del
desconocimiento, de la ignorancia, de la
incomprensión de la estructura del Absoluto y de
nuestros papeles en Éste o del consentimiento
para tales emociones como la maldad, la
condenación, los celos, la ofensa, la angustia,
la desesperación, el miedo, etc., que son
manifestaciones del «yo» individual que
«sobresale» defectuosamente.
En el Camino espiritual una de
las tareas más importantes es la eliminación del
«yo» inferior individual a través de la unión de
éste con el «Yo» Superior y Universal del
Creador. El trabajo en esta dirección empieza
con la lucha contra las manifestaciones viciosas
del propio «yo», más que nada en las reacciones
emocionales.
Un método muy importante aquí es
el arrepentimiento: la contrición sincera de los
errores éticos cometidos, con el análisis mental
de esas situaciones y con la búsqueda de sus
resoluciones correctas.
Muchos no entienden que es el
principio de no reprobar. La reprobación es
exactamente una emoción, una de las formas de la
ira, lo que es diferente a un análisis
intelectual, a una revelación y discusión de los
errores ajenos. Éstos se necesitan, porque
permiten aprender a no repetir los errores
ajenos. Pero deben realizarse sin la emoción de
ira en cualquiera de sus variantes.
Las emociones son los estados de
la conciencia. Éstas se irradian fuera de los
límites del cuerpo y crean un ambiente
energético para las personas y para otros seres
alrededor.
Las personas que viven en
estados emocionales groseros crean
correspondientemente un ambiente destructivo y
patógeno, la comunicación con ellas puede causar
graves impactos energéticos y enfermedades,
especialmente entre los niños.
En cambio, aquellos que viven en
los estados de amor sutil sanean, espiritualizan
y ennoblecen todo alrededor de sus cuerpos y
sanan solamente con su presencia. Y cuando más
fuerte es su amor y la conciencia, más espacio
ellos espiritualizan, hasta una escala
planetaria.
El buscador espiritual logra
dominar completamente el control sobre su esfera
emocional sólo a través del trabajo con sus
chakras y con otras estructuras energéticas y
después a través de unirse con la Conciencia
Divina. Pero uno debe empezar a esforzarse desde
el mismo principio del Camino.
La segunda regla de yama es
sathya, la verdad, la pureza y la veracidad.
Ocurren, sin embargo, casos
cuando no podemos decir la verdad porque esto
causaría daño a alguien. Entonces es mejor
callarse o eludir la respuesta.
Pero, habiendo mentido, nos
convertimos en pecadores ante Dios y en rehenes
de nuestra mentira ante las personas, porque
luego tendremos que temer de nuestra revelación
y vivir en la angustia, y no en el estado de
tranquilidad estable y pura.
La tercera regla es asteya,
la renunciación de aspirar a poseer las cosas
ajenas. ¡Debemos aspirar totalmente a la
cognición de Dios! La tendencia de poseer las
cosas materiales, peor las ajenas, es la
perversión completa de la verdadera orientación
de la conciencia, combinada además con el causar
daño a otras personas.
La cuarta regla es aparigraha,
la libertad de las cosas innecesarias que
solamente distraen la atención de lo principal:
de la aspiración a la Unión con el Creador.
La quinta regla es
Brahmacharya que significa «seguir el camino
del Brahman (del Espíritu Santo)». Esto implica
renunciar a los propios deseos «terrenales»
(salvo aquellos que están dirigidos al
suministro de las necesidades del cuerpo) y
dirigir la atención a Dios, a la búsqueda de Él
con la mente y luego con la conciencia
desarrollada.
Esta regla implica la renuncia
sincera a buscar la gloria terrenal y los
honores, a acumular cosas inútiles en el mundo
del Brahman y a embellecer su propio cuerpo.
Algunas personas interpretan la
regla de Brahmacharya sólo como el celibato (la
continencia). Pero tal interpretación es muy
estrecha. Además, el celibato no es necesario
con la actitud espiritual hacia el sexo. Al
contrario, puede causar la prostatitis en los
hombres y el «marchitamiento» energético de las
mujeres, así como el «endurecimiento» de las
conciencias de ambos sexos. Éste tampoco
favorece al progreso en el Camino espiritual. En
realidad, lo importante no es renunciar al sexo,
sino renunciar a entusiasmarse demasiado por
éste y a tener relaciones sexuales con
compañeros/as inadecuados/as.
La sexta regla es shaucha,
la observación de la limpieza del cuerpo. Lo
importante aquí es lavar, en lo posible, el
cuerpo entero con jabón y agua tibia o caliente.
Esto limpia la piel de los depósitos de las
sales sudoríparas que violan el funcionamiento
normal del organismo entero. ¡Recordemos las
sensaciones que surgen después de lavar bien el
cuerpo que no fue lavado por mucho tiempo! El
mismo estado de confort podemos y debemos crear
cada día al lavarnos en la mañana.
La parte de shaucha es también
la cepilladura de los dientes y otras cosas.
Existen también técnicas
especiales curativas de shaucha, tales como el
lavado de la nariz y de la nasofaringe a través
de succionar agua salada por ésta. Pero no hay
que hacerlo constantemente. Sin embargo, estas
técnicas maravillosas ayudarán a deshacerse de
la descongestión nasal crónica.
La sexta regla es mitahara,
la nutrición limpia. De esto hemos hablado en
detalle anteriormente. Aquí sólo mencionaremos
que la comida debe ser consumida en situaciones
emocionalmente favorables: no en un ambiente de
conversaciones conflictivas, de disputas
encarnizadas o en presencia de personas malas e
irritadas.
Para armonizar el estado
interno, uno puede ejecutar la meditación antes
de comer.
Por ejemplo, hay una excelente
oración-meditación ortodoxa «Al Rey Celestial».
La octava regla es santosha,
el mantener constantemente un estado emocional
positivo. Si sentimos la presencia del Señor y
dedicamos a Él la vida entera, si no tenemos
interés personal en los asuntos, si sabemos que
Él nos está observando permanentemente, nos
guía, nos enseña, nos crea las dificultades
educativas y Él mismo nos ayuda a encontrar las
soluciones de los problemas, ¿por qué no vivir
en permanente alegría?
«Tú haces tu trabajo, Yo
controlo los eventos», así Él enseñaba en cierto
tiempo al autor de este libro [Cómo Dios Puede
Ser Conocido. Autobiografía de un Científico que
Estudió a Dios].
La novena regla es svadhyana,
las reflexiones filosóficas, las conversaciones
y las lecturas que contribuyen a la comprensión
completa del significado de la vida y del Camino
hacia la Perfección.
«Dirige tu menta hacia Mí», así
definió Krishna los primeros pasos del hombre en
el Camino hacia Dios.
La décima regla es tapas,
la ejecución de cualquier autorrestricción y
auto-constreñimiento a causa de luchar con los
vicios (defectos) de uno. Tapas enseña incluso
la disciplina espiritual, la observación del
principio «¡hay que!» en lugar de «¡quiero!».
La undécima regla es
Ishvarapranithana, la sensación de que todo lo
existente está penetrado por lo Divino del
Creador (Ishvara), la sensación de Su presencia
permanente fuera y dentro del cuerpo de uno y de
otros cuerpos, así como fuera y dentro de las
cosas, la percepción de Él como el Maestro y
Testigo de todo lo que uno haces y de todo lo
que sucede contigo.
Y las últimas cuatro muy
importantes reglas:
— kshama, la tolerancia a
aquellos que no piensan como yo;
— daya, la misericordia,
la bondad;
— ardjava, la
simplicidad, la ausencia de la arrogancia;
— hri, la percepción
humilde de uno mismo, la ausencia del
narcisismo, del orgullo por los propios éxitos
reales y de la soberbia, que es el autobombo por
los propios méritos ilusorios.
La palabra asana
significa (en este contexto) la postura, la
posición estable del cuerpo. Se trata de las
técnicas especiales del trabajo con el cuerpo
que preparan al adepto para las etapas
subsiguientes del trabajo espiritual. Los
sistemas de los asanas y otros ejercicios de
este nivel se agrupan bajo el nombre común de
hatha yoga. Éstos también proporcionan los
primeros hábitos de la concentración dirigida y
desarrollan —a un nivel muy básico— los sistemas
energéticos del organismo.
Los asanas deben ser practicados
sólo después de estudiar y aceptar los
principios del escalón anterior. Si uno, por
ejemplo, va a practicar el hatha yoga sin ser
vegetariano, sucede el endurecimiento de la
energética y el crecimiento del poder grosero, y
esto lleva en la dirección opuesta del Camino
verdadero.
Es mejor practicar los asanas
muy de mañana, aproximadamente a las cuatro o
cinco de la mañana.
Es indispensable terminar estos
ejercicios con el shavasana, cuando uno se
acuesta sobre la espalda y relaja profundamente
el cuerpo y la mente durante 20 minutos
aproximadamente. Si uno no lo hace, pueden
aparecer los trastornos de salud, tales como el
empeoramiento de la vista, los estados ansiosos,
la perdida del sueño nocturno, etc.
En el marco del hatha yoga uno
no debe tratar de hacer algo con la energía de
la kundalini: esto puede resultar en una seria
agravación de la salud física y psíquica. El
trabajo con la kundalini es una tarea que
corresponde a las etapas del buddhi yoga. «La
elevación» de la kundalini es admisible sólo a
condición de haber limpiado escrupulosamente y
desarrollado todos los chakras y meridianos
principales.
Hay que entender también que el
hatha yoga es solamente una etapa preparatoria
antes del camino del yoga, por lo tanto, no es
sensato dedicar a éste su vida esperando algún
éxito significativo. Un avance serio puede
asegurar solamente el trabajo con el corazón
espiritual en el marco de raja y luego de buddhi
yoga.
El trabajo con las energías
dentro del cuerpo y del «capullo» energético que
lo rodea es la tarea del raja yoga. Uno de los
métodos aquí es el pranayama que se traduce como
«el trabajo con la energía».
A veces este término es
entendido incorrectamente como «los ejercicios
respiratorios». Esto es la consecuencia de los
equívocos ateístas. En realidad, durante los
pranayamas se trabaja exactamente con el
traslado de la energía de la conciencia, lo que,
sin embargo, puede ser acompañado —para más
comodidad— con los movimientos respiratorios.
La parte de la conciencia que
estamos moviendo durante los pranayamas la
convertimos en luz blanca fluida. Con
esta luz lavamos todos los focos de las
impurificaciones y de los trastornos
bioenergéticos. Como resultado sucede el
saneamiento general y la eliminación de varias
enfermedades. También la conciencia misma se
transforma en una fuerza movible y activa.
La palabra pratyahara
significa « apartar los indriyas de los objetos
del mundo material». Pratyahara es la etapa
cuando el adepto aprende a controlar los «tentaculos»
de la conciencia, que se llaman «indriyas» en
sanscrito. Esto abre la posibilidad para dominar
la visión en los estratos sutiles y
sutilísimos del espacio multidimensional, enseña
a trasladarse allí, saliendo de su envoltura
material y a vivir en estos, acostumbrándose a
su sutileza, ternura y pureza.
El concepto de los indriyas
existe sólo en la cultura espiritual india. Los
europeos, con sus ideas religiosas degradadas y
confusas, normalmente no comprenden tales
conceptos. Ellos, hasta en las traducciones
hechas de los idiomas indios, remplazan la
palabra indriya con la palabra
«sentidos», que perdió su significado original.
Y de esta manera, rechazan completamente la gran
importancia metodológica del concepto de
pratyahara y de los principios de trabajo en
esta etapa.
Pues, para un científico los
«sentidos» son funciones de los órganos del
sentido: la vista, el olfato y otros. Pero no
son todos los indriays, porque la mente también
pertenece a la categoría de los indriyas.
Es también importante que la
imagen de los «tentáculos», contenido en la
palabra «indriays», ya por sí misma proporcione
un entendimiento profundo del funcionamiento de
la mente y de la conciencia y de cómo
controlarlas.
Los conocimientos fundamentales
sobre el trabajo con los indriyas fueron
expuestos por Krishna en el Bhagavad-Gita. Él
hablo de los indriyas de la vista, del oído, del
tacto, de la propiocepción y también de la
mente. Y, de hecho, la fijación de la atención a
través de cualquier órgano del sentido o a
través la mente en cualquier objeto es similar a
un alargamiento de un tentáculo desde el cuerpo.
Trasladando la concentración al otro objeto,
nosotros separamos y trasladamos un indriya.
Podemos observar como la mente
crea sus indriyas cuando pensamos en alguien o
algo.
Los toques de los indriyas
ajenos son percibidos por las personas que
poseen una sensibilidad desarrollada. En algunos
casos uno hasta puede ver los indriyas ajenos y
entonces influir sobre éstos.
El hombre, como decía Krishna,
debe aprender, entre otras cosas, a retirar
todos sus indriyas desde el mundo de la materia
y meterlos para adentro, de igual modo
como la tortuga mete para dentro, en su coraza,
las patas y la cabeza. Y luego hay que alargar
los indriyas hacia los eones Divinos para
abrazar con éstos a Dios, acercarse a Él y
unirse con Él.
El Mesías contemporáneo Sathya
Sai también habla constantemente de los indriyas.
Muchos de Sus libros fueron traducidos al ruso,
pero en todos éstos la información sobre el
trabajo con éstos fue perdida debido a la
inadecuación de las traducciones.
El control de los indriyas no
puede ser dominado sin que uno aprenda antes a
trasladar de una manera exacta la concentración
de la conciencia entre los chakras y meridianos
principales, es decir, los meridianos de la
«orbita microcósmica» y el meridiano central.
Nosotros hablaremos de esto especialmente en uno
de los capítulos siguientes.
Dharana es el mantener la
concentración correcta. Y la concentración
correcta significa tener todos los indriyas en
Dios. Con otras palabras, es la manifestación
real de la aspiración total del hombre a Dios, a
la Unión con Él.
Pero Dios en el aspecto del
Creador o del Espíritu Santo no es accesible
para la percepción directa en esta etapa del
aprendizaje.
Para satisfacer parcialmente el
amor-pasión por Dios, puede ayudar el trabajo
con la Imagen particular de un Maestro Divino
concreto, tal como, por ejemplo, Jesús o Babaji
o Sathya Sai, Aquellos Cuyas Imagines reales son
muy conocidas para nosotros por Sus últimas
encarnaciones.
Si uno mantiene durante mucho
tiempo tal Imagen (el rostro) en el anahata con
la emoción del amor superior hacia este Maestro,
entonces gradualmente llega el estado cuando Él
mira desde el anahata, no yo. Esto significa la
«activación» del Yidam (así se llama tal Imagen)
y la Unión parcial con Él. Ahora uno puede vivir
en la Unidad con Él en el anahata o, pasando con
la concentración a los chakras de la cabeza,
dirigirse a Él como a un Consejero o Maestro en
el propio anahata.
Y esto no es una ilusión, sino
la entrada real del Maestro Divino en Su Imagen
creada por el practicante. Él puede convertirse
en el Preceptor en la meditación, Él guiará a Su
discípulo devoto y amante a través de Su
Conciencia a la Morada de la Conciencia
Universal del Creador.
«Si pueden imaginar en la
conciencia el Rostro del Maestro con un alto
grado de precisión , entonces pueden
(trasladarse) (…) con la conciencia a Su
Conciencia y actuar con Su Poder. Pero para esto
hay que ver el Rostro del Maestro muy
precisamente, hasta los detalles pequeñísimos,
de tal modo que la Imagen no se mueva, no se
desfigure y no cambie los contornos, como a
menudo suele pasar. Pero si después de los
ejercicios de concentración uno logra obtener la
Imagen estable del Maestro, entonces puede tener
a través de este logro un gran beneficio para
uno mismo, para los prójimos y para los otros
asuntos» [Agni Yoga. Mundo Ardiente. III].
«A ustedes pueden preguntar ¿qué
significa emprender el camino del servicio?
Claro está que el primer indicio será el
desapego del pasado y la aspiración completa al
futuro. El segundo indicio será la percepción
del Maestro en el (propio) corazón, no porque
«es necesario», sino porque es imposible de otro
modo. El tercero será el expulsar el miedo,
porque aquel quien es “armado” del Señor es
invulnerable. El cuatro será el no reprobar,
porque aquel que se dirige al futuro no tiene
tiempo para ocuparse de los desechos del pasado.
El quinto será el llenar todo su tiempo con el
trabajo para el futuro. El sexto será la alegría
del servicio y la entrega completa de uno mismo
para el bien del mundo. El séptimo será la
aspiración espiritual a los mundos lejanos» [Agni
Yoga. Mundo Ardiente. III].
Si no va bien el trabajo con el
Yidam, de gran ayuda serán los entrenamientos
para crear las visualizaciones. Éstas pueden ser
las visualizaciones que contribuyen al
desarrollo de los chakras, también aquellas en
las que nos sumergimos en los dichosos estados
de comunicación con la naturaleza viviente, etc.
Pero sólo esas visualizaciones
van a contribuir al desarrollo espiritual
correcto que están colmadas con el júbilo de la
armonía, alegría, sutileza y beatitud.
De ayuda metódica pueden servir
las obras de arte: pintura, música, fotografía
artística, etc.
Dhyana es la etapa de los
entrenamientos meditativos que llevan al Samadhi.
La meditación es el trabajo de
la conciencia, dirigido a su crecimiento en el
Camino hacia la Perfección, hacia la Unión con
el Creador. La meditación se practica en los
tres escalones del esquema que estamos
examinando.
En el escalón de dharana el
practicante aprende, entre otras cosas, a
derramar la conciencia en lo sutil y lo bello
del mundo de la materia. A través de tal
sintonización él se estabiliza en la guna sattva.
A través del trabajo con el
Yidam Divino él puede en el acto tocar la
Manifestación de la Conciencia Divina, habiendo
conociendo el Samadhi por medio de esto.
En el escalón de dhyana se
realiza el trabajo dirigido al crecimiento de la
conciencia, a la obtención del poder en la
sutileza.
En el siguiente escalón los
esfuerzos serán concentrados en la interacción
de la conciencia individual con la Conciencia
del Dios Universal y la Unión con Él en Su
Infinidad.
En el marco del dhyana el
trabajo más eficaz es el trabajo en los
sitios de poder, las zonas energéticamente
importantes para el hombre. Entre muchos lugares
de este tipo deben ser escogidos aquellos que
favorecen a la ampliación de la conciencia en
los eones sutiles. La sucesión de estos lugares,
correctamente escogida, garantiza el
cumplimiento fácil y simple de las tareas
difíciles de la «cristalización» correcta (el
crecimiento cuantitativo) de la conciencia.
Con el mismo propósito uno puede
usar los cargamentos deportivos combinados con
las técnicas especiales de la meditación, los
baños en el agua helada y «el trote meditativo».
La estructura del organismo
responsable de la meditación es la «burbuja
inferior de percepción» (el término de Juan
Matus; ver), la esencia de la cual es el chakra
anahata, suministrada energéticamente por el
dantyan inferior (el conjunto de los tres
chakras inferiores).
Desde el mismo principio de los
entrenamientos meditativos hasta la victoria
completa en la Unión con la Conciencia
Primordial, hay que acordarse constantemente que
el mérito principal del hombre es su corazón
espiritual desarrollado. Es con éste que el
hombre se une originariamente con Dios, por lo
tanto, hay que desarrollarlo y mantener puro por
todos los medios. Todo lo antedicho permite
aceptar estas palabras no como una bella
metáfora, sino como un conocimiento bastante
concreto, como la guía práctica para acción.
Los escalones examinados de la
escalera de la ascensión espiritual son
predestinados para aprender primeramente a
trasladar la conciencia completamente al anahata,
que fue limpiado, luego para asegurar el
crecimiento del anahata dentro del cuerpo y
después fuera de sus límites, en la escala del
«capullo» y luego en la escala de la Tierra y
después fuera de ésta en los eones más altos.
De esta manera crecemos como
Amor.
¡Dios es Amor, por lo tanto, uno
puede unirse con Él sólo a condición de
convertirse en el Gran Amor, en el Gran Alma
(Mahatma) que consiste del Amor!
Y no existe otra variante del
desarrollo hasta la Divinidad, salvo los
escalones principales examinados por nosotros
ahora.
Este escalón incluye el nivel
más alto de los logros espirituales: desde los
primeros Samadhi hasta la Unión con la
Conciencia Primordial y con el Absoluto.
La conciencia del practicante,
preparada en el escalón anterior, llega a ser
capaz de entrar en contacto con la
Conciencia Divina en los eones superiores. Estos
primeros contactos dan la novedad
brillante de la beatitud, que se designan
con el término Samadhi.
A distinción del Samadhi, el
Nirvana es exactamente la Unión bastante estable
con la Conciencia de Dios, donde uno además
pierde la sensación del «yo» localizado. El
término «Nirvana» significa «combustión», es
decir, la eliminación de la propia
individualidad a través de la Unión con Dios en
los aspectos del Espíritu Santo o del Creador. Y
esto en verdad tiene lugar.
En el Bhagavad-Gita Krishna
habla del Samadhi y de los dos escalones
principales del Nirvana: el Nirvana en el
Bharman (el Espíritu Santo) y el Nirvana en el
Ishvara (el Creador).
Sin embargo, en India el término
«Nirvana» lo empezaron a usar ampliamente los
budistas y luego éste fue «expulsado» por los
hinduistas de la India junto con el budismo. En
lugar de este término las escuelas hindúes
empezaron a ampliar el significado del término «Samadhi»,
añadiendo a éste varias palabras-prefijos. Estas
palabras complejas comenzaron a usarse en
diferentes significados, por diferentes
escuelas; el término «se derramó» y perdió su
claridad. Por lo tanto, tiene sentido regresar a
la terminología precisa, introducida en la
cultura espiritual por Dios a través de Krishna.
Así, para pasar del Samadhi (La
Beatitud del Contacto) al Nirvana (La Unión),
uno debe tener la conciencia individual bastante
grande y fuerte, desarrollada por los
entrenamientos antecedentes. También la
conciencia debe ser estable en la sutileza
Divina.
Si estas condiciones fueron
cumplidas, queda solamente encontrar la entrada
al eon correspondiente, entrar allí y disolverse
en la Conciencia de este eon usando el método de
la «reciprocidad total», el cual uno también
debe dominar preliminarmente.
Pero esta tarea incluye no
solamente los hábitos meditativos, sino también
la preparación ética: la eliminación del propio
«yo» inferior por todos los medios y la
aspiración a remplazarlo con el «yo» colectivo y
luego con el «Yo» universal, es decir, con el
Paramatman.
Sólo así una persona puede
llegar a ser partícipe del Poder Divino
ilimitado.
«¡Nosotros tenemos un depósito
de energía psíquica inagotable!» [Agni Yoga.
Mundo Ardiente. III], dice Dios.
No obstante, «si uno expone las
condiciones y el propósito del yoga, el número
de los que desean participar será bastante
pequeño. Para el resto la idea de que hay que
renunciar la mismidad sonará terrible» [Agni
Yoga. Mundo Ardiente. III].
Los eones más altos del Absoluto
se dominan sucesivamente por el practicante.
Para empezar la «colonización» de un eon
consecutivo, para poder entrar allí y
mantenerse, uno tiene que durante mucho tiempo,
a veces por años, acumular el poder de la
conciencia. Esto no les atañe sólo a aquellas
personas que se acercaron a estos objetivos en
las encarnaciones anteriores y guardaron desde
aquel tiempo el poder de la conciencia y la
sutileza necesaria.
|